martes, 28 de mayo de 2013

LA MASACRE DE CROMOTEX



02 DE FEBRERO DE 2011


Por Carlos Mejia A. (Tomado de su Blog BAJADA A BASES http://www.sindicalistas.net/)



Han pasado 32 años, toda una vida, desde los hechos ocurridos en la fábrica Cromotex. Recuerdo a mis doce años la preocupación y tristeza de mi familia y vecinos cuando aparecen las noticias de los trabajadores asesinados en el debelamiento de la toma de la fábrica. En toda la ciudad se sintió el impacto de la muerte de los trabajadores.



Pero vayamos en orden. En los 70s la empresa Cromotex era una textil con mucho éxito. El dueño era Antonio Mussiris. Lamentablemente, las relaciones con el sindicato eran muy difíciles. Ya con Morales Bermúdez, los empresarios empezaban a aprovechar toda posibilidad de recuperar poder en las relaciones laborales. Luego del Paro Nacional de 1977 se despidieron a nueve dirigentes en Cromotex, de los cuales sólo dos lograron ser repuestos. 


La empresa acusaba regularmente al sindicato de "sabotaje a la producción" que era un tecnicismo de la legislación laboral de los militares y que entonces se usaba contra los sindicalistas, incluso hasta para llevarlos a la cárcel. 

A fines del 78 la empresa decide suspender los pagos de los trabajadores bajo el pretexto de falta de recursos para la compra de materia prima. Nunca se ha demostrado que la empresa estuviera en una dificil situación económica, todo parecia ser una estrategia para obligar a los trabajadores a renunciar e irse. 

El 9 de diciembre de 1978 el sindicato denuncio el lock out -que es como una huelga, pero hecha por la patronal- y cuando los trabajadores ven que algunas máquinas están siendo trasladadas, la situación empieza a complicarse. En una asamblea sindical se acuerda la toma de la fábrica para defender los puestos de trabajo. En aquella época, los trabajadores se tomaban en serio la defensa del empleo. 

Asi, el 28 de diciembre de 1978 en una operación muy cuidadosa y organizada, los trabajadores tomaron la empresa Cromotex. 

La revista Caretas basándose en un libro que narra los hechos explica el procedimiento seguido: 

Lo primero fue cortar el teléfono, tarea a cargo de Silvio Jiménez al frente de un grupo. 


Un segundo grupo desalojó a los funcionarios y guachimanes. 




El tercer grupo custodiaba las puertas. 



Un cuarto grupo se encargó de recuperar todas las llaves de la fábrica, que estaban en manos de los guardianes y los matones que había contratado la empresa. 


Luego de expulsar a los empleados y guachimanes, trancaron las puertas. 

Toda la operación duró 5 minutos. 

Un cuarto de hora después llegaron los policías de la comisaría de Vitarte, pero no pudieron hacer nada. 

El libro "Tomen nuestra Sangre..." detalla luego como se sostiene el control de la fábrica: 

Se cierran las puertas de entrada y se mantiene un equipo de vigilancia. 

Se organiza el control de la fábrica y los alrededores para evitar los robos de la empresa y la amenaza de los matones. 

Para ello se formaron 4 grupos de vigilancia compuestos por 18 a 20 personas cada uno, al mando de 2 jefes de grupo y dos patrullas. 

Se formó una comisión de cocina que se aprovisionó de alimentos, básicamente papas, una cocina de kerosene y mecheros. 

Llenaron de agua los tanques y cilindros. 

Todo esto en previsión de que les corten la luz y el agua. 

La comisión de comunicaciones controlaba el uso del teléfono a través de un operador. 

Tenían un megáfono "para informar al pueblo" y un único vocero para evitar confusiones. 

La comisión de sanidad y primeros auxilios estaba provista de medicamentos esenciales. 

Para evitar el soplonaje, le fue asignado un número a cada trabajador. 

Hemigidio Huerta era el 29. 

El orden de los horarios de guardia era alterado, para evitar ser sorprendidos en el cambio de guardia, como ellos lo habían hecho con la Policía y los guachimanes al momento de tomar la fábrica. La comisión de seguridad se encargaba de ello. 

La comisión de defensa estableció varias líneas, desde una barricada exterior hasta barricadas interiores. En el techo se colocaron cilindros con agua para rociar las bombas lacrimógenas. 

Para evitar el efecto de los gases, cada trabajador tenía un frasquito con vinagre. 

Los carros metálicos fueron subidos para ser usados como escudos. 

Se apertrecharon de piedras, ladrillos y botellas. 

La malla exterior fue electrificada y se le instalaron "peines" de acero puntiagudo provenientes de viejas máquinas textiles. 

La comisión de limpieza y disciplina fue encargada de velar por el orden, y custodiaba las llaves de las oficinas, que fueron cerradas para impedir el acceso de cualquier persona. 

Un grupo de trabajadores quedó afuera para pedir ayuda económica a otros sindicatos, propagandizar la lucha y realizar las acciones legales. 


La toma de la fábrica movilizó a los sindicatos y organizaciones de izquierda. El secretario general del sindicato era como todos saben Nestor Cerpa Cartolini, junto a él estaba Hemigidio Huerta, líder natural de los obreros, perspicaz y jovial. 

Entierro de Hemigidio Huerta 

De alguna manera, la toma de Cromotex venía a representar el estado de ánimo del movimiento sindical. Luego del reformismo militar, el viraje de Morales Bermúdez causaba rechazo entre los sindicalistas. Todo lo que se tenía empezaba a perderse. El paro nacional del 19 de julio de 1977, con su fuerza y todo, había tenido como resultado la promesa de unas elecciones que no se pidieron y cinco mil dirigentes y activistas sindicales despedidos en todo el país. 

Era pues un sindicalismo combativo, politizado, radical que no se resignaba a dejar los espacios que había conquistado durante todo el siglo XX. La gesta de Cromotex sería el símbolo de su ocaso. 

En febrero de 1979 los ministerios de trabajo y de la producción iban a realizar inspecciones laborales y todo parece indicar, que de demostrarse el desinterés de la patronal y el lock out realizado, la administración de la empresa podría pasar a manos de los trabajadores. Así era antes la ley. 

La patronal, asesorada legalmente por el estudio de Luis Bedoya Reyes, decide forzar un desalojo de la empresa. Así, según relatan los testigos de la época, el 4 de febrero a las 5.00 am. fuerzas policiales con matones contratados por la empresa, inician un asalto de la empresa. 

Allí se produce la muerte de dos trabajadores y otros más son heridos. Marcelino Castro cae abatido, luego Silvio Jimenez. El capitán del operativo César Villón de los Santos es muerto al intentar subir una pared y ser rechazado por los trabajadores. Los trabajadores resisten pero luego sus defensas son sobrepasadas. El trabajador Inocencio Paco Quispe muere también. 


Hemigidio Huerta es seriamente herido. Cuenta la historia que llevado en el ómnibus de la policía le dice a Nestor Cerpa, "Toma mi sangre y escribe para que el pueblo sepa que nos están llevando presos". Las heridas de Hemigidio eran muy serias y provocaron su muerte el 12 de febrero. Los trabajadores Máximo Montoya y Max Leónimo Lara murieron también por las heridas recibidas ese día. Seis obreros y un policía murieron. 


Hoy en día, la empresa continua funcionando y en manos del mismo dueño. Sólo ha cambiado de razón social, ahora se llama Filamentos Industriales S.A.. Entiendo que hay un sindicato, que cada 4 de febrero recuerda a los compañeros caídos. En el distrito popular de Carmen de la Legua, una calle lleva el nombre de Hemigidio Huerta. 

Lo ocurrido en Cromotex representa lo más radical de una tradición de rebeldía entre los trabajadores peruanos. El radicalismo de los que se atreven a cuestionar aquello que parece imposible. Porque no todos en la clase son burócratas de oficina, dirigentes de mirada corta o buscavidas negociadores. 


Por que en un momento determinado, Cromotex fue la manera de decir "No, no vamos a perder sin pelear..." . 


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